En sus ojos no me veia. Él era el hombre de mi vida. Ya ves, a tan pocos metros. Pasarón los días, y en sus ojos empecé a ver una mirada conocida. Unos abrazos que había conocido hace años, casí no recuerdo cuantos.
Me había alejado de aquellos abrazos y los encontré en otro cuerpo. Fue lo mejor que pude hacer. Alejarme, para no buscarte, para encontrarte. Y te encontre, en esos ojos.
Volví a casa y allí estabas tú. Con tus ojos, con tu rostro, con esos abrazos que había sentido hace muchos años.
Y recordé, que tu me enseñaste que era un cronopio, a que sonaba una ciudad, y de que color era.
Y volvimos ha hablar de cronopios, de viajes, de irnos, lejos, lejos...
Me había alejado de aquellos abrazos y los encontré en otro cuerpo. Fue lo mejor que pude hacer. Alejarme, para no buscarte, para encontrarte. Y te encontre, en esos ojos.
Volví a casa y allí estabas tú. Con tus ojos, con tu rostro, con esos abrazos que había sentido hace muchos años.
Y recordé, que tu me enseñaste que era un cronopio, a que sonaba una ciudad, y de que color era.
Y volvimos ha hablar de cronopios, de viajes, de irnos, lejos, lejos...
3 replicas:
a parís, que es de color gris...
o a esa Lisboa amarilla ;-)
¿Y dónde fuisteis, por fin? Hay reencuentros que sólo suceden en la imaginación. Los desencuentros, sin embargo, suelen ser en la vida en tres dimensiones... :S
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