Último escalón

Grado a que se asciende (o desciende) en dignidad

jueves 20 de septiembre de 2007

Saturnino Pepinillo y su corcel Amarillo, o cómo una ciudad entera empezó a bostezar.

Saturnino Pepinillo vivía en un pequeño pueblo de las montañas. Allá no había más de media docena de vecinos y una pequeña cuadra con cuatro corceles. Tres de ellos eran grandes, azabaches, con una bella crin blanca. El otro caballo, más pequeño y dormilón, era de un precioso color canela.

Saturnino Pepinillo, encargado de las compras de la pequeña aldea, bajó a la ciudad en el pequeño corcel. Cuando llegaron a la ciudad el pequeño corcel estaba muy, muy cansado, pero no encontraba ningún sitio para descansar.

El caballo, que se llamaba Amarillo, empezó a bostezar mientras realizaban sus compras. Le vio el carnicero, el ferretero, el lechero, el carpintero..toda la ciudad vio al caballo Amarillo. Toda la ciudad fue contagiada por el gesto del pequeño corcel. El bostezo se propagaba como la polvora. Todo la ciudad bostezaba sin parar.

Y así fue como una ciudad entera empezó a bostezar. Los bostezos duraron tanto tiempo que todavía están todos durmiendo.

4 replicas:

laura dijo...

jajajaj genial!

Robert dijo...

Sabes que leer la palabra bostezo y variantes también da ganas de bostezar? es más...yo estoy ahora mismo bostezando sin parar lo que confirma que escribirla también contagia el bostezo.

laura dijo...

que por esa misma regla de tres yo ahora, por leerte a ti deberia estar bostezando, y por lo tanto, tu al leer esto bostezarias de nuevo, y si lo dijeses y yo lo leyera, pues igual, y asi infinitamente, o algo

Thsniper dijo...

Hermanos!, bostecemos todos unidos!

Me ha gustado^^

cya